Salvando las distancias y, claro, con respeto a usted que nos lee, decidí titular este post de esa manera porque, al parecer, todo el mundo menos nosotros, quienes resolvimos escribir al respecto, sabe cómo se debe dar un abrazo. Sí, el tema puede parecer descabellado, pero todo comenzó cuando mi compañera me preguntó algo, con cierto tono de inocencia en la voz: Los abrazos se acaban, ¿verdad que si? No lo dudo.
Hay abrazos incómodos, abrazos que duelen en el alma (los de las despedidas, por ejemplo), están los que reconfortan, los que te hacen sentir importante, querido o amado… En todo caso, hay abrazos de abrazos, en principio porque la intesidad y duración de los mismos depende de la persona que los recibe. El asunto es que en un abrazo alineas tus chakras principales con los de otro ser, mientras tocas gran parte de su humanidad con tu piel y eso es bastante intenso, en especial cuando lo haces con alguien que te gusta o que amas.
Lamentablemente vivimos en un mundo comercial, y acá en Venezuela una reconocida marca de desodorantes (o antitranspirantes, como los conocen en otros países) se autoproclamó “patrocinante oficial” de todos los abrazos que se den en territorio nacional. Menudo lío en que se metieron. Aunque ninguno de nosotros usa la mencionada marca, nos quedamos pensando en el tema y (como quien diserta sobre algo, no por interés, sino por genuina falta de oficio) como es normal que suceda, algunas dudas se suscitaron al respecto: ¿Acaso debemos enviar un comunicado a esa empresa, a ver cuándo es que van a terminar de ofrecer al público en general su servicio de ‘abrazos a distancia’, tal como lo anuncia la publicidad en la TV? Estamos convencidos de que eso nos facilitaría enormemente la vida y las relaciones… Imagínese: “Sr. Longa, le traigo este abrazo de parte de su hijo, quien le manda decir que lo extraña y lo quiere mucho”, o tal vez “Sra. María, su hija le envía este abrazo y se disculpa por no atreverse a dárselo ella misma”.
Y es que esos 5,49 segundos que ambas pieles se juntan (estudios recientes indican que eso es lo que dura un abrazo estándar, aunque no sepamos que signifique la palabra ‘estándar’ en este contexto) no son nada fáciles de sobrellevar. Mientras que algunos son unos expertos en la materia, a otros nos cuesta un poco estrecharnos pecho con pecho. O brazo con brazo, en el llamado ‘abrazo de lado’, muy común entre compadres o personas ebrias que no desean perder el equilibrio. O pecho con espalda, en el nada bien ponderado ‘abrazo por detrás’, causante de mariposas en el estómago de novias recatadas, disputas entre varones serios y de traumas de niños no acostumbrados a ello.
Pero sin desviarnos del asunto comercial, debemos reconocer que toda solución engendra nuevos problemas; ignoramos cuánto se debe pagar por el envío de un abrazo (en realidad lo que desconocemos es si se debe pagar por ello), quién elegiría a los “abrazadores de oficio” (sugerimos inducciones intensivas, que sólo aprobarán aquellos que, luego de abrazar a 100 personas, dejen satisfechas/felices/complacidas a más de 70) o si sería cruel enviar un abrazo con cobro en destino… De cualquier manera y mientras esperamos la respuesta a tan absurdas interrogantes, diremos que no hace falta un manual para abrazar, ni mucho menos un ‘abrazador designado’ que nos descomplique la existencia haciendo aquello que no nos atrevemos a hacer. Si usted, como nosotros, no sabe mucho de dar abrazos ¡inténtelo!. Pruebe con su pareja, un familiar o, si le da penita, con una almohada. Si procura ser sincero y no apretar muy fuerte (hay registros de que más de un ‘abrazo de oso’ se ha llevado consigo algunas costillas fracturadas) será bien recibido, porque lo importante no es saber hacerlo, sino saber disfrutarlo. Suerte con eso.
Este post se lee mejor con el tema “Feel”, de Robbie Williams.
P.D.: Agradezco ampliamente a mi compañera @Aurora, por contar conmigo para esta divertida y particular reflexión. Ojalá sea la primera de muchas en este blog.


